Pornografía y sexo guay
Pornografía y Prostitución
El origen de la pornografía está vinculado a las representaciones artísticas en relación al acto sexual (representaciones esculturales o pictóricas, por ejemplo). Pero como, historicamente, el sexo – placentero y libidinoso – siempre tuvo una asociación con la prostitución, la pornografía estuvo siempre vinculada a la representación de los actos sexuales con prostitutas.
En raras sociedades del pasado el placer sexual podía ser obtenido con la esposa, que solamente serviría para la procreación. No podemos olvidar que es apenas al final del siglo XX que la mujer asume una posición más independiente en la Sociedad Occidental.
Como resultado, fue aceptado el “placer” dentro del matrimonio. En el pasado el placer sexual estaba disociado del matrimonio. Siendo que las prostitutas cumplían la función de “dar placer”. Infelizmente aún hoy, en algunas sociedades machistas y moralistas, esta conducta aún persiste.
Siendo así, el origen de la pornografía, como conocemos hoy en día, está estrechamente vinculada a la prostitución. La palabra pornografía tiene origen Griego y se refería a las “escribas de las prostitutas”.
Era considerado pornográfico cualquier material obsceno que sirviese para producir excitación sexual. Cuando buscamos las raíces históricas de la prostitución, es común encontrar referencia a las sacerdotisas de la antiguedad greco-romana, o de otras sociedades de la época.
Entretanto, es imposible establecer un paralelismo entre el papel de estas sacerdotisas y el de las prostitutas de la sociedad moderna. Las sacerdotisas eran mujeres que tenían importante función simbólica en algunas religiones.
Sus relaciones con determinados hombres correspondían a rituales y ceremonias en nada semejante a la prostituición, tal como la conocemos hoy en día. La relación con las sacerdotisas era interpretado como un acto sagrado, en alabanza a Afrodita, Venus y otras divindades.
Las relaciones sexuales, según la época y la cultura en que son practicadas, asumen significados diferentes. La actitud que determinada comunidad adopta delante el acto amoroso, necesariamente reflejará sus patrones sociales. O sea, lo que es un material pornográfico en una determinada sociedad puede no serlo en otra.
La experiencia místico-religiosa tenía una importancia extrema en las sociedades antiguas. Las prostitutas de la antiguedad contaban con protección oficial, pagaban impuestos y tenían una jerarquía, gozando de cierto status. Afrodita y Venus eran, en Grecia y en Roma, las protectoras del amor y de la prostitución.
En innumerables sociedades del pasado era común representar el acto sexual con esculturas y pinturas. En muchos casos, estas obras eran utilizadas en ceremonias religiosas y místicas. Entre los Hindúes, la “Columna de Solanki” es una escultura que muestra bailes y rituales de mujeres sensuales.
La separación entre pornografia y religiosidad fue aumentando con el paso de los siglos. El pintor Toulouse-Lautrec pasó gran parte de su vida en un prostíbulo parisiense. Sus retratos de prostituas muestran escenas de la vida que ellas tenían. Las pinturas de Gustav Lkimt y de Egon Schiele, al comienzo del siglo XX, también son consideradas extremadamente eróticas. Algunos podrán llamarlas pornográficas.
Hoy en día la pornografía no está necesariamente vinculada a la prostitución, aunque sea común ver estas dos situaciones asociadas. Si en el pasado la pornografía servía para representar el acto sexual, muchas veces con sentido místico, actualmente ella asume vida propria. Los materiales pornográficos entraron al mercado de consumo y generan grandiosos beneficios. Por otro lado, la prostitución se utiliza de la pornografía como medida para divulgar sus servicios y atraer más clientes.
