A su madre le hizo gracia cuando hace diez años le anunció que su trabajo de realizador tomaba el rumbo del cine pornográfico. Pepe Catman (Sevilla, 1963), autor, entre otras películas, de 'A través de la ventana', rueda estos días en Valladolid unos cortometrajes animado por una actriz del género, Monika, oriunda de la ciudad del Pisuerga.

-Forman parte de un largo, pero los productores, por minimizar el riego empresarial y por una cuestión de distribución internacional, sobre todo por el tema de los nuevos formatos -telefonía móvil, Internet-, prefieren fragmentar las historias en tramos cortos. Así el resultado es polivalente tanto como largo, con tres o cuatro 'viñettes', como para emitirlo fragmentado. Esto se hace en temas específicos fuera del sexo estándar.

-De casualidad. Me encargaron para un televisión francesa la dirección de un largometraje 'soft-core', un largo de cine cine erótico (M6). A raíz del estreno en el Festival de Cine Erótico de Barcelona, donde gustó bastante y fue la única producción española, las productoras se interesaron por nuestro trabajo. El cine porno se nutría de directores internacionales y me propusieron hacer algo nacional. «¿Serías capaz de hacer algo en 'hard-core', en porno?». La verdad es que la diferencia es una cuestión de ángulo de cámara, de ver a no ver.

-Cuando decimos cine de adultos no deja de ser un eufemismo, en realidad es pornografía pura y dura. En este país nos encanta suavizar las cosas. El erotismo y la pornografía hace seis años distaban mucho entre sí. Hoy en día la fusión entre erotismo y pornografía dan las 'features', el género argumental, están fusionadas. Ya no hay diferencia. Puede encontrar una película pornográfica cargadísima de erotismo y al revés. Solo hay una diferencia dentro del marco legal para la emisión televisiva.

-Por las raíces dentro del mundo de la narrativa, me englobo más dentro de las 'features', es decir el cine porno argumental. El porno se divide en tres grandes categorías: los largos argumentales, el gonzo -el porno puro y duro- y luego los fetiches. Esas serían las grandes familias.

-Es profesor en un máster de cine X. ¿Incide en el guión?

-La verdad es que es importante. Yo le presto una atención básica y radical porque hasta hace poco las películas se basaban en tengo una localización, un reparto y a partir de ahí construyo una historia. Hoy en día afortunadamente la cosa ha cambiado porque la sociedad se ha abierto. Se ha dejado de lado el tabú de la pornografía y se ha puesto, no voy a decir de moda, pero hay un aperturismo claro hasta el punto en que nos facilitan las instituciones públicas el acceso a todo tipo de recursos. Ahora tenemos la posibilidad de crear una buena historia. Es más fácil dar más protagonismo a la historia, aunque nunca olvidemos que lo que hacemos es una película de sexo y que tiene una utilidad concreta.

-¿La invasión televisiva y digital de la pornografía ha cambiado la percepción general?

-Sí, gran parte de este mérito lo tienen las cadenas de televisión que desde hace diez años en los programas de última hora, como 'Crónicas Marcianas', empezaron a cargar las tintas de contenido erótico. Ellos nos han abonado un terreno. Las cadenas locales se refugiaron en programación erótica para atraer socios. Ahora la percepción de nuestro trabajo ha cambiado radicalmente y se lo debemos a la normalización que las televisiones han hecho por el sector.

-¿La baja calidad de lo que emiten esas cadenas no son piedras contra su propio tejado?

-La baja calidad en el mundo de la pornografía no viene tanto por lo que las televisiones emiten, que a fin de cuentas no es representativo de lo que se llega a producir, sino que las distribuidoras, las que ceden las licencias a las cadenas, compran derechos internacionales. En España entra una cantidad ingente de películas de fuera a precios ridículos y eso hace que la producción española no pueda competir a nivel de cifras. El coste medio de una película española pornográfica no baja de los 50.000-60.000 euros por película. Los derechos de una película americana solo cuestan 1.200 euros.

-¿Existe algo más que Nacho Vidal en el porno español?

-¿Cómo está la producción española respecto a nuestros vecinos?

-En la producción europea estaríamos en el nivel número cinco tras Francia, Italia, Reino Unido y Alemania. Nos aventajan en volumen, no tanto en calidad. Las inversiones que se realizan en Francia en una película son tres veces la de una española. Aquí el problema no es tanto lo que se produce como lo que se distribuye. No hablamos tanto de películas como de industria.

-Sentido común. Uno de los valores que primo en un cásting es el sentido común. La parte física y de capacidad sexual la damos por entendida, a ese nivel profesional lo tienen asumido. La que es más complicada es la interpretación. Cuando tienen que dramatizar, interrelacionarse, ahí es donde hay que pelear. No hay que olvidar que es gente que no está acostumbrada a actuar y que cada vez les exigimos más. A cierto nivel ese es el filtro. Sentido común, capacidad de trabajo e integración con el equipo son los requisitos.

-Donde unos hablan de crisis y hecatombe yo prefiero hablar de evolución. Forma parte del proceso evolutivo del audiovisual en general, desde cualquier portal de Internet te puedes descargar películas sean de lo que sean. Y esto marcará la nueva manera de concebir la producción y la dirección. El usuario no va a pagar por el producto y directores y productores tendremos que cambiar el chip.

-Hubo un tiempo en el que señores tan respetables como Muñoz Suay o Berlanga defendían el cine porno en público. ¿No hay recambio para esas figuras?

-Este próximo festival de Barcelona homenajeará a Berlanga. Es verdad que no tenemos una renovación de estos iconos que nos han movido a muchos a tirar para adelante con trabajos de estas características y dignificar una profesión como esta. José María Ponce también ha abierto un camino.

-La pornografía inunda quioscos e Internet pero nadie confiesa ser usuario de sus servicios.

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